Hace unos meses, en el mes de la fería del libro en Buenos Aires, alguien escribió esto:
"No sé quién seré la semana que viene, ni el próximo año. Cuántos, de qué edades, si hombres o mujeres. Porque el camino de la lectura que mas me atrae es el aleatorio, lo dibuja un azar en el que confío, tiene muchas otras paradas y no tiene fin. Así, la ilusión que provoca ser otro a través de la palabra nunca acaba. Pero en algún lugar de ese camino y aunque no se deje nunca de andarlo, uno por fin sabe. Sabe que ya no es el que era. Uno es, de verdad otro. La ilusión de ser otra que nos promete la lectura, no nos defrauda, porque terminamos siéndolo. No un personaje u otro, sino un hombre o una mujer distintos. En algún punto del camino nos encontramos con una versión más acabada y rica de nosotros mismos. Y ya no volvemos a ser aquel que fuimos antes de leer.
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